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Publicidad es lo mismo que manipulación

Podríamos decir que la industria tabacalera marcó ese cambio en la industria publicitaria que nos llevó de la persuasión a la manipulación, al convencer a las mujeres de que fumar es sinónimo de libertad, por ahí de 1920, 30 años antes del inicio de la publicidad moderna.

A partir de ese momento dejó de tratarse sobre decir la verdad del producto y empezó el uso de la narrativa emocional para volver irrelevante la verdad. Desde ahí, la industria entendió algo peligroso: si puedes moldear la percepción, puedes moldear la realidad.

En los años 60´s, con el nacimiento de las agencias de publicidad y la admiración de sus fundadores como David Ogilvy se consolida al creativo publicitario como un genio manipulador.

La industria aprendió a moverse en la zona segura, no mentimos directamente, solo exageramos, solo editamos la verdad, solo omitimos lo que no conviene.

 

Es una ética flexible.

 

La manipulación se volvió parte del manual.
Se habla de “gatillos mentales”, “sesgos cognitivos”, “urgencia artificial”, “escasez percibida”. 
No es casualidad que muchas técnicas actuales de marketing digital se basen en psicología conductual aplicada para optimizar conversiones, no para generar bienestar.

Muchos creativos entran a la industria porque aman las ideas, la estética, la cultura, la narrativa, la creatividad. Pero terminan usando su talento para maquillar impactos negativos, suavizar prácticas cuestionables, distraer conversaciones incómodas.

Creo que la clave está en entender que persuadir (que es lo que hace el marketing y la publicidad para que elijas x producto) no es automáticamente manipular. Pero la línea es delgada.

La diferencia está en: ¿Estoy amplificando algo que genuinamente aporta valor? ¿O estoy construyendo valor artificial para algo vacío? ¿Estoy ocultando información relevante? ¿Estoy diseñando dependencia? ¿Estoy explotando vulnerabilidades?

 

La industria históricamente ha operado muchas veces desde la manipulación.
Pero no está condenada a hacerlo.

El problema es que cambiarla implica renunciar a ciertas comodidades como clientes grandes pero cuestionables, crecimiento rápido, métricas infladas, premios, prestigio superficial.

Implica redefinir éxito.

La publicidad no es intrínsecamente malvada.
Es una herramienta de amplificación cultural.

Pero cuando la herramienta se pone al servicio exclusivo del capital sin ética, se vuelve peligrosa.

Y lo más difícil de aceptar es esto:

La industria no se construyó solo desde la soberbia.
También se construyó desde la fascinación por el poder.

El poder de moldear deseo.
El poder de moldear conversación.
El poder de moldear imaginarios colectivos.

Eso seduce.

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